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Sesión de vídeo en el aula de español (aula de mis quebrantos). Visionamos Barrio de León de Aranoa. Los protagonistas asisten a una nueva epifanía: han perdido el último vagón y descubren el mundo de los excluidos en una vía fantasma del metro de Madrid. La música, maravillosa, redime a la secuencia de toda sordidez naturalista. Así las cosas, le entran a uno ganas de hablar:
– A veces la realidad esta oculta… – comento en plan Platón de andar por casa.- ¿Acaso no hay pobres en vuestras ciudades?
- ¡En Bucarest no pobres profesorrrr!- dicho sea con eco gutural.
- ¡¿Ah, no…?! –perplejidad.
- No profesorrrr, no pobres en Bucarest
- ¿…?
X es un chico de 13 años, todo vitalidad y con ganas de seguir los estudios, también enamorado, según confiesa. ¡Qué cosas! El caso es que uno no sabe qué decir, como tantas otras veces. ¿Vendrá mi perplejidad de algún estereotipo sobre lo rumano? Podría ser, nadie esta libre de las simplificaciones. ¿Estarán todos los rumanos pobres fuera de Rumanía, otra famélica legión, la de los rom que acampan en los extrarradios de nuestras ciudades? ¿O bien los expulsan fuera de su capital para presentarla impoluta ante una hipotética remesa de turistas?
Me temo que X es demasiado niño, en sus parques no había pobres, claro. Ojalá su futuro sea brillante, sin costra de miseria. ¿No será mejor que vea las sombras del mundo con su vitalidad adolescente? ¿Qué beneficio le haría pensar de dónde viene, lo que hubo de todo aquello?
Los profesores, no por serlo, estamos libres de prejuicios. Y situaciones como la que cuentas nos toca vivirlas a diario. Ya no sabemos si el alumno finge, si vive en otro mundo o si somos nosotros los desubicados.
Por cierto, sobre este pasaje de Barrio planteé una actividad para 4º de ESO sobre estaciones fantasma:
http://lospitufitosyatienenblog.blogspot.com/2006/12/estacin-fantasma.html
Un saludo.
[...] 23, 2008 por calamo En una entrada anterior de este humilde blog se mostraba una secuencia de la película Barrio, de Fernando León de Aranoa, [...]
Hola, llego aquí siguiendo el rastro de los microrelatos y paseando por tus antiguos post doy con éste… Resulta que yo he vivido en Bucarest cuatro años y que curiosamente tuve una experiencia curiosa con esta película. La proyectamos en una especie de cine-club que hacíamos con los alumnos de la universidad y al terminar hablamos un poco. A casi ninguno de los asistentes les había gustado y uno de ellos insistía en que eso no era Madrid, que él había estado en Madrid y que la ciudad no era así. Cada uno ve lo que quiere ver. Y a veces uno no quiere ver lo que tiene delante.
No entiendo la reacción de tu alumno rumano, pobres en Bucarest hay, como en todas las grandes ciudades, como en Madrid, como en París, no es una cuestión de prejuicios asombrarse ante sus palabras.
Los viejitos y niños (y no sólo rom) en las calles de Bucarest forman parte de la ciudad, la parte dura y fea que normalmente borramos de nuestra memoria o esquivamos al pasar.
un saludo periférico!