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Nunca he vivido el fin de curso como un demorado crepúsculo de verano, más bien me sepulta como un alud. Y ya siento en ruido frío del desprendimiento sobre mi nuca… Sea como fuere, y con fuerzas más bien escasas, voy cerrando algunos flecos. Después del jugueteo motivador, un power de síntesis sobre la obra de Calderón. Había que llevar a los personajes a Polonia (tiene su gracia explicarlo cuando una de tus alumnas es polaca). Debo aclarar que me he servido, entre otros materiales, del contenido de una presentación alojada en Materiales de lengua (no sé bien si de Lu o de otra persona); la información que allí se ofrece es muy exhaustiva. Me pareció que no sería ocioso complementar aquella con esta propuesta más visual y adelgazada de información.


Hacía tiempo que no visitaba La vida es sueño. Se propuso por el departamento como lectura de 1º de Bachillerato (con la aquiescencia de mi callado escepticismo). No ha resultado. Los chicos no han podido con ella; sólo una lectura muy asistida en clase ha conseguido aproximársela. En fin… el endemoniado asunto de qué hacer con los clásicos, dónde situarlos para que sean apreciados y no devasten la frágil planta de los lectores en ciernes. Y es que el teatro en verso tiene su aquel.

Para una fase de iniciación (periodo de la ESO), se me ocurre el modelo de los Cuentos de Shakespeare, versión en prosa de sus obras realizada por el matrimonio Lamb, Charles y Mary, en plena época romántica. Ya entonces pensaban en acercar la obra de su clásico por antonomasia a los lectores más jóvenes. Algo parecido intentó el compañero Enrique Galé Casajús con Cuentos del teatro clásico, ed. Alcaraván (no conozco referencia web de la editorial). El libro incluye obras de Tirso, Lope y Calderón.  El caso es seguir intentándolo, por activa o por pasiva…  seguir intentándolo, como Sísifo, claro.

Por si a alguien le fuera de utilidad puede descargarse la presentación. La vida es sueño.

En algún lugar de esta humildísima bitácora me he referido a mi azacaneada experiencia como profesor de español en las aulas de inmersión, charco en el que me metí recién llegado a mi nuevo destino en Utebo.

No resulta sencillo hacerse cargo de adolescentes recién llegados a un país nuevo. Al desconcierto propio de esta etapa de la vida se suma la dolorosa experiencia de la inmigración. Uno, que entra al aula investido de su autoridad profesoral, asiste atónito a una inopinada transformación que termina por convertirle en no se sabe qué. El profesor primigenio acaba ejerciendo  de mediador en conflictos, asistente social, animador cultural, orientador y no sé cuántas cosas más. Bueno, en este jardín andaba perdido cuando, en vísperas del puente del primero de mayo, asistí con ánimo desalentado, a qué ocultarlo, a una sesión de formación celebrada en el CPR Juan de Lanuza. Ponente: Santiago Araiz, compañero de fatigas en el IES Jerónimo Zurita de Zaragoza.

En su intervención declinó el tono doctoral y se situó, sin falsas modestias, en el plano del intercambio de experiencias entre compañeros. Consiguió transmitir un entusiasmo desbordante. Resumo las ideas que capté y las impresiones que me dejaron sus palabras (en cualquier caso anótense en mi debe posibles imprecisiones e interpretaciones erróneas, por las que pido disculpas de antemano):

Lo que en principio es un marrón puede convertirse en una oportunidad. Derroche de afectividad, nos las habemos con eslabones frágiles de la cadana social. Actitud de desinhibición, desnudamiento, me atrevería a decir. La clase como performance. Un aula de inmersión no es un aula de escuela de idiomas. El aprendizaje por tareas es el mejor camino de adquirir competencias básicas. Permanente estado de vigilia creativa: cualquier input de información puede transformarse en material de aprendizaje. No hacer ascos a todo utillaje de taller de manualidades. Explorar las posibilidades de los juegos de mesa recreativos, el software educativo, internet, otros recursos TIC. Aplicar, convenientemente adaptadas, técnicas de taller literario (teatro, poesía, narración). Embarcar a los alumnos en proyectos que refuercen su autoestima y dejar constancia gráfica de ello. Redefinición del papel del aula de inmersión dentro de la vida del instituto, situarla en el corazón de la vida cultural del mismo (viaje de la periferia al centro). El aprendizaje de una lengua extranjera para ellos puede y debe compadecerse con el reconocimiento de la dignidad de su lengua de origen…

En fin, hora y media de derroche… La muestra de actividades impulsadas desde el aula de inmersión nos dejó conmovidos. Gracias al impulso de Santiago y otros compañeros, el centro ha sido galardonado con el 3º premio del SELLO EUROPEO PARA LAS INICIATIVAS INNOVADORAS EN LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE DE LENGUAS EXTRANJERAS.

Preguntado por este servidor por la posibilidad de encauzar este magma incandescente en una secuencia programada, cara de perplejidad. Ocurrencias extemporáneas de uno, qué duda cabe. De vuelta a casa en el bus espanté algunos nubarrones referidos a la filosofía de la multiculturalidad que subyace… efectos secundarios del renqueante transporte público de Zaragoza.  Era hora de celebrar un estilo de enseñanza, el de la honestidad,  la intuición, el carisma, la complicidad con el alumnado, la energía, el riesgo, la espontaneidad creativa. Todo aquello que uno intuye que debería ser este difícil negociado de la enseñanza.

(Mi compañero Pepe Gil Ramón, grande versado en la lengua de Shakespeare y siempre al quite de las propuestas curiosas, me ha sugerido algunas acuñaciones inglesas que, referidas a la enseñanza, pudieran hacer un guiño al Action paintig de la pintura expresionista de Pollock. De ahí el título de esta entrada. No sé por qué la conferencia de Santiago me trajo a la mente aquel estilo. Enseñanza en acción).

 

Si cada blogger hubiera de identificar su nave con el emblema de un animal, el mío sería la tortuga. Uno es lento de reacciones. Y al paso del tiempo se le vienen al magín algunas de las entradas que ha leído. Así, andaba pensando alguna actividad para el aula de inmersión y he recordado una  de A pie de aula en la que Lu -siempre en el carajo de la vela- avisaba sobre algunas de las posibilidades didácticas de los vídeos del programa Camera café (T5) almacenados en territorio Youtube. Como la tarde languidece y anda uno sumido en esplín perezoso, allí me he ido a explorar. Y lo que suele suceder, que enrutado hacia las indias he recalado en las américas y esperando encontrar clavo he dado con la canela. El caso es que me ha divertido esta parodia del lenguaje teatral de nuestro Siglo de Oro y como uno anda enfrascado en La vida es sueño (tratando de hacerla digerible a 1º de Bac, vano empeño a la postre, una ilusión, un frenesí), no me ha parecido irreverente someter el código solemne al contraste del humor. A la postre, ¿no se desliza la disquisición  metafísica de Calderón  sobre los patines del ingenio verbal?

Mal, Polonia, recibes a un extranjero… (y aun peor si carece del sentido del humor).

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 Algo se ha dicho en el cenáculo bloggero sobre ese epifenómeno que se ha dado en llamar Día del libro, sobre sus carencias, su impronta mercantil, el mandarinato del bestseller… Con cierto poso de amargura se reseñaba en A pie de aula la efeméride. Sin embargo, con ser cierto cuanto se denuncia, he preferido ver lo que latía de primaveral, de ingenua confianza en que en torno al libro quizá todo pueda ser mejor… Vamos que ese día me levanté panglossiano y por un momento me dejé arrastrar por la fantasía del mejor de los mundos posibles. Debilidades de uno, qué duda cabe.

A falta de un terremoto en Lisboa que me cure del optimismo, me topo en con una sabatina de Vicente Verdú siempre atento a la mutaciones que vienen provocándose en la era del capitalismo de ficción. No es fácil sobreponerse, no ya al artículo (¿Para qué tanto leer?), ni siquiera al primero de sus párrafos:

El libro constituye un bien tan significativo de una determinada cultura que esperar a que se lea cuando su sistema desaparece es lo mismo que reclamar que perviva una hormiga sobre una superficie de alquitrán. La vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Vía como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la cotidianidad.”

Vamos que no hay sitio para la lectura en el ocio de la ultramodernidad (“la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse“). Los miles de lectores de Harry Potter no encarnan al profundo lector (¿?), son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto (sic). Es lo que tiene la entomología. A estas alturas del artículo empezaba a sentirme como Gregorio Samsa.

Entre los lectores conspicuos ni siquiera figuramos los letraheridos profesores de literatura, circunstancia que hago saber a la legión de bloggeros, mis hermanos, que a propuesta de Joselu se avino al ritual de dejar testimonio de las lecturas que cincelaron su espíritu (El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores). Bien pensado quizá no desentonaríamos en el subgrupo de los impedidos.

Triste sino el nuestro, condenados como estamos a aventar la semilla de la lectura sobre el asfalto. Sabiendo como sabemos, además, que la lectura más se contagia que se enseña. En fin, desorientado, a uno le entran ganas de defender los bestsellers, aunque sólo sea por rendir tributo al viejo adagio de que no hay libro por malo que sea que no contenga enseñanza buena. También le da a uno por pensar que quizá esos miles de lectores no conspicuos ofician a su manera la vieja liturgia de encontrase en soledad con la palabra que los interpreta o en la que se reconocen; tal vez lean porque no oran o tal vez lo hagan como si rezaran. A lo mejor solamente se deleitan y de rondón aprenden algo y así son horacianos sin saberlo, que es la mejor manera de serlo. Claro que cualquiera se atreve a pensar que quizá Dickens, un suponer, fue un autor de bestsellers. Quién sabe qué.

Menos mal que el paso del tiempo tiene sus leyes y que al sábado le sigue el domingo. De nuevo a por la dosis e inopinadamente encuentro el antídoto: “No me gusta la televisión, me agobia. Aquí sólo ponen programas tipo Las tardes con Patricia, que te ensucian la cabeza. Prefiero leer. Si un libro no me engancha a las primeras 50 páginas, lo dejo, no quiero perder el tiempo. Ahora me han prestado La hoguera de las vanidades, y me gusta mucho“. En el psiquiátrico penitenciario la sociología es menos sofisticada, sin duda; pero las palabras de Andrés Rabadán, el parricida de la ballesta, quizá otro hombre, catorce años después, alientan la esperanza. Lectura y escritura, utillaje para la redención. Si es que esta es posible.

(Coda: entradas como estas merecerían unas etiquetas que la definieran como bizantinismos, prescindibles, pajas mentales)

Imagen tomada de Flirck 1597859189_e4743c2244

Ut picture poesis

En una entrada anterior de este humilde blog se mostraba una secuencia de la película Barrio, de Fernando León de Aranoa, a propósito de la singular reacción de un alumno rumano ante aquellas imágenes. El caso es que la entrada fue enriquecida por un comentario de Antonio, (Re)paso de lengua, quien me hizo reparar en la capacidad de sugerencia que encierran los lugares abandonados para componer historias en torno a ellos. Con su permiso, pirateé la actividad e hice uso de los pertrechos que tenía preparados y el resultado es el que se muestra más abajo. No estoy al día en el cine del gusto adolescente, pero me temo que condiciona el imaginario de nuestro chicos (orfanatos, misterio, crímenes…).

No es fácil abrir un hueco a la expresión escrita en un curriculum condicionado por los contenidos gramaticales, darle el relieve requerido (¡qué lejos el sueño de poder establecer un portfolio de la competencia en expresión escrita). En todo caso este pequeño logro se debe al mérito de la alumna de 3º ESO, Pilar Serrano. Fluido, correcto, con final sorprendente.

El relato comienza con un coche. Un coche que iba por la carretera, y en su interior viajaban dos personas, un hombre y una mujer. Era verano y se dirigían hacia la playa. La mujer le dijo al hombre que tenía hambre y que en el primer área de servicio que vieran que se desviara. Pasaron cientos de kilómetros y no vieron ningún área de servicio, cosa que les parecía muy extraña.

Pero por fin, cuando ya estaban al borde de un ataque de desesperación, vieron que de la carretera salía un desvío, no sabían a dónde llevaba porque no había ningún cartel que lo indicara, pero ellos se adentraron por él. Estaba lleno de árboles y no permitían ver lo que había al otro lado. Ellos se pensaban que habría algún restaurante, pero de repente vieron aparecer de entre los árboles un gran y antiguo edificio. Se bajaron del coche y observaron con atención el gran jardín, situado alrededor de el. Se notaba que no lo cuidaba nadie, ya que el césped era bastante alto y habían crecido numerosas malas hierbas. En el jardín también permanecían unos columpios y un tobogán, que estaban oxidados y medio rotos. Se acercaron a la puerta del edificio, en la que se podía ver una placa que ponía: “Orfanato 1926-19…”(las dos últimas cifras estaban arrancadas, ya que se veía la marca de haber estado antes, pero no se podía distinguir qué números eran). Entraron dentro del inmueble, que también estaba en ruinas y abandonado, dentro se podía observar una especie de entrada, y enfrente de la puerta se encontraban unas grandes y viejas escaleras. En la planta calle del orfanato estaba la cocina con una gran despensa; y dentro de la despensa, los alimentos
todos podridos y en mal estado, también estaba el salón, el baño, el comedor, la biblioteca y el despacho, que cuando pasaron se encontraba todo lleno de documentos y archivos tirados pos el suelo y por la mesa. Subieron a la planta de arriba y sólo había dormitorios, al igual que en las demás plantas. Cuando iban caminando por los dormitorios, les pareció oír voces de niños cantando y riendo; pero pensaron que era su imaginación. Todo estaba sucio y lleno de polvo, casi no existían los cuadros , pero los pocos que permanecían se hallaban rotos o emborronados; como si alguien hubiera cogido un bote de pintura negra y se la hubiera echado a todos los cuadros.

Por la puerta trasera del orfanato salieron al jardín, que por esa zona también estaba dejado de la mano del hombre. Estaban explorando esa zona del jardín cuando, de repente, la mujer se tropezó con algo; fueron los dos a mirar con qué se había tropezado y, de entre las hierbas del jardín, apareció como una especie de compuerta; la abrieron y descubrieron que había unas escaleras que conducían hacia abajo; era un búnker. El hombre y la mujer se miraron, dudaron un segundo y bajaron las escaleras. El búnker era pequeño y en su interior había un gran montón de huesos todos apilados, por el tamaño se veían que eran de niños; de los niños de ese orfanato, el olor no se podía soportar, y justo cuando se disponían a subir por las escaleras para salir de ese infierno, sopló el viento con fuerza y cerró la puerta del búnker. El hombre y la mujer se volvieron a mirar asustados, a la mujer no le salían las palabras y lo único que se atrevió a decir el hombre fue: “Vamos a morir entre un montón de cadáveres de niños inocentes. Espero que cuando vengan a por nosotros no nos confundan con sus asesinos. “

Imagen de Flickr 345207238_85800b9c94_m 

 

Historia en 6 palabras

Replico el meme lanzado desde El suplemento ocasional , bitácora de Leonor Quintana. Se invita a componer microhistorias con seis palabras. Intensidad, concentración, capacidad para la sugerencia. He aquí mis torpes balbuceos:

Inicialmente tomó posesión de su tumba (más acá)
Amaba visitar el balcón de la fiebre (infancia)
Tronó: -¡No sois sino un seis! (insignificancia)
Leyó ávidamente hasta no entender nada (sabiduría)

En cuanto a la exploración didáctica, no habría que descuidar la propuesta de invertir la actividad. Algo así como inflar un microrrelato, pretexto para poner en práctica los pertrechos teóricos de las modalidades del relato (narración, descripción, diálogo).

Imagen tomada de Flickr 217003139_0981d7a48f_m

Definitivamente hay días que no son los tuyos. Mañana visitamos la rotativa de el Heraldo de Aragón. Había pensado llevar el ordenador al aula, mostrar unos esquemas, visitar los diarios digitales, etc… Vamos, ambientar un poco la visita (saber algo para saber ver). Secuencia de torpezas y todas imputables a uno. Sin llave del cajón (Roberto ha salido al quite), imposibilidad de conectar mi portátil al videoproyector, vuelta a la conserjería a por uno de los portátiles de la casa… Menos mal que el  bueno de Morata, de guardia por allí, me ha resuelto el entuerto. Y toda esta cantinflesca peripecia a quinta hora después de un segundo recreo, teniendo como espectadores a un grupo de 3º de ESO altamente inflamable, sudorosos, excitados , divertidos con mis trasteos. Total, de los 50 minutos de clase, 20’ esfumados en  tanteos.  Lo peor es  el nerviosismo resuelto  en irritación y como en las malas tarde de toros, bronca (les ha caído, claro).  Lo que prometía ser una clase más provechosa y entretenida  ha acabado en fiasco. Triste sino de un novillero TIC. Por salvar algo del vano empeño, queda entre mi hatillo este mapa conceptual resultado de mis primeros escarceos con Mindomo.