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Archive for the ‘Estampas’ Category

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Sesión de vídeo en el aula de español (aula de mis quebrantos). Visionamos Barrio de León de Aranoa. Los protagonistas asisten a una nueva epifanía: han perdido el último vagón y descubren el mundo de los excluidos en una vía fantasma del metro de Madrid. La música, maravillosa, redime a la secuencia de toda sordidez naturalista. Así las cosas, le entran a uno ganas de hablar:

– A veces la realidad esta oculta… – comento en plan Platón de andar por casa.- ¿Acaso no hay pobres en vuestras ciudades?

¡En Bucarest no pobres profesorrrr!- dicho sea con eco gutural.

¡¿Ah, no…?! –perplejidad.

– No profesorrrr, no pobres en Bucarest

– ¿…?

X es un chico de 13 años, todo vitalidad y con ganas de seguir los estudios, también enamorado, según confiesa. ¡Qué cosas! El caso es que uno no sabe qué decir, como tantas otras veces. ¿Vendrá mi perplejidad de algún estereotipo sobre lo rumano? Podría ser, nadie esta libre de las simplificaciones. ¿Estarán todos los rumanos pobres fuera de Rumanía, otra famélica legión, la de los rom que acampan en los extrarradios de nuestras ciudades? ¿O bien los expulsan fuera de su capital para presentarla impoluta ante una hipotética remesa de turistas?

Me temo que X es demasiado niño, en sus parques no había pobres, claro. Ojalá su futuro sea brillante, sin costra de  miseria. ¿No será mejor que vea las sombras del mundo con su vitalidad adolescente? ¿Qué beneficio le haría pensar de dónde viene, lo que hubo de todo aquello?

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munch_puberty3.jpgGuardia en la 107, aula reservada para alumnado expulsado de clase.  Cuando cojo el relevo está sentada X, 13 años, no ha sido expulsada “es que no me encuentro bien”, aclara. Prosigue: 

−Es que he perdido veinte kilos en el último mes… Ya sabes, empiezan a llamarte gorda y claro. .. 

−Claro…  

−Ahora soy bulímica, sabes, entonces me vienen los cambios de humor, tan pronto estoy alegre como que me pega el bajón… Además es que no puedo ni ver la comida… Es que lo vomito todo, sabes. Estoy un poco mareada… 

−Ya. 

−Me han ingresado tres veces, sabes, la última vez el mes pasado.  ¡Me tuvieron que poner gotero y todos esos aparatos … ¡ 

−¡Ah! 

No sé qué decirle; tiene los ojos bonitos. Mientras  relata su gesta, por momentos se le iluminan  y parecen redimir la fealdad de su ajada malla amarillenta. Pienso en la propensión a la fábula  del ser humano, algo que fascinaba a Baroja.  ¿No será a la postre una trampa de la ficción?  me pregunto.  ¿Por qué no vivir un poco más literariamente un trastorno? Y si la vida no  ofreciera mucho más… Mi propensión a la fábula, sin duda.  Ensoñaciones de un profesor de guardia. 

En ese momento concurre, esta sí expulsada, una su amiga. Golpea enfurecida la puerta, visajes coléricos, maldiciones hacia la profesora que la ha expulsado. La invito a que se calme y me cuente el conflicto, utillería de manual. Pero ella a lo suyo, argumento en bucle: 

−Esta tía se va a enterar. Ahora mismo llamo a mi madre y se va a enterar. Porque otras veces sí, pero esta vez me ha echado sin hacer nada… Ahora mismo llamo a mi madre y se va a enterar. 

Pero el clímax todavía no ha llegado.  Sentada, apoya el talón de su pie sobre la silla, con la otra mano se estira del pelo y prorrumpe en gritos ahogados acompañados de movimientos convulsivos con  la cabeza: 

-… es que no me puedo controlar. 

La de la malla amarillenta metamorfoseada en Wendy la acaricia y le susurra palabras de consuelo mientras con un delicado movimiento la falange de su dedo índice le enjuga una lágrima.

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