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Posts Tagged ‘Adolescentes’

munch_puberty3.jpgGuardia en la 107, aula reservada para alumnado expulsado de clase.  Cuando cojo el relevo está sentada X, 13 años, no ha sido expulsada “es que no me encuentro bien”, aclara. Prosigue: 

−Es que he perdido veinte kilos en el último mes… Ya sabes, empiezan a llamarte gorda y claro. .. 

−Claro…  

−Ahora soy bulímica, sabes, entonces me vienen los cambios de humor, tan pronto estoy alegre como que me pega el bajón… Además es que no puedo ni ver la comida… Es que lo vomito todo, sabes. Estoy un poco mareada… 

−Ya. 

−Me han ingresado tres veces, sabes, la última vez el mes pasado.  ¡Me tuvieron que poner gotero y todos esos aparatos … ¡ 

−¡Ah! 

No sé qué decirle; tiene los ojos bonitos. Mientras  relata su gesta, por momentos se le iluminan  y parecen redimir la fealdad de su ajada malla amarillenta. Pienso en la propensión a la fábula  del ser humano, algo que fascinaba a Baroja.  ¿No será a la postre una trampa de la ficción?  me pregunto.  ¿Por qué no vivir un poco más literariamente un trastorno? Y si la vida no  ofreciera mucho más… Mi propensión a la fábula, sin duda.  Ensoñaciones de un profesor de guardia. 

En ese momento concurre, esta sí expulsada, una su amiga. Golpea enfurecida la puerta, visajes coléricos, maldiciones hacia la profesora que la ha expulsado. La invito a que se calme y me cuente el conflicto, utillería de manual. Pero ella a lo suyo, argumento en bucle: 

−Esta tía se va a enterar. Ahora mismo llamo a mi madre y se va a enterar. Porque otras veces sí, pero esta vez me ha echado sin hacer nada… Ahora mismo llamo a mi madre y se va a enterar. 

Pero el clímax todavía no ha llegado.  Sentada, apoya el talón de su pie sobre la silla, con la otra mano se estira del pelo y prorrumpe en gritos ahogados acompañados de movimientos convulsivos con  la cabeza: 

-… es que no me puedo controlar. 

La de la malla amarillenta metamorfoseada en Wendy la acaricia y le susurra palabras de consuelo mientras con un delicado movimiento la falange de su dedo índice le enjuga una lágrima.

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